Islam en Andalus

Ahmad Thomson & Muhammad 'Ata'ur-Rahim

Capítulo Dos

( Parte III )

Los Musulmanes en Andalus


Después del asesinato de ‘Ab’al-‘Aziz en Andalus, siguió un periodo de desasosiego y turbulencia, durante el cual el nuevo modo de vida que abrazar el Islam implica, empezó a ser adoptado por sus habitantes. Los musulmanes continuaron consolidando su autoridad a través de la Península Ibérica así como expandiéndose hacia el norte más allá de los Pirineos. Narbonne fue capturada en el 719, y durante los siguientes diez años mucho del sur de Francia fue sometida. De todas formas, en el 732 el avance musulmán hacia Francia fue detenido por Carlos Martel y su ejército en una decisiva batalla que tomó lugar entre Tours y Poitiers. Luego de esta derrota, los musulmanes se retiraron de Francia totalmente, y los Pirineos se convirtieron en la frontera natural que separaba a los cristianos unitarios del sur de Europa de los musulmanes unitarios de Andalus.

Los primeros musulmanes de Andalus fueron contagiados por las intrigas del poder y las rivalidades intertribales que existían entre los árabes antes de la venida del Profeta Muhammad, que la bendición y la paz de Allah sean con él. Surgieron disputas entre los árabes de diferentes familias, entre las diferentes tribus bereberes, entre los bereberes y los árabes, entre aquellos que recién había llegado a Andalus y las familias que se habían establecido allí por incontables generaciones, entre los que podían hablar el árabe de manera fluida, y aquellos cuya lengua natal era otro idioma, y también entre aquellos que habían nacido en el Islam y aquellos que lo habían aceptado recientemente.

Los choques que se produjeron a causa del liderazgo y posesión de los nuevos dominios eran inevitables. En los cuarenta años siguientes hubo veintiún gobernadores en rápida sucesión, algunas veces nombrados por el califa de Damasco, otras por el gobernador de Qairawan en el norte de Africa y, algunas veces, por los mismos musulmanes del Andalus. Sin embargo, a partir de este aparente desorden, se llegó luego a un equilibrio, y el hombre capaz de reunir los corazones de tantos individuos diferentes, ‘Abdu’r-Rahman I, surgió para unir a la gente del Andalus.

‘Abdu’r-Rahman I ibn Mu’awiyah llegó al Andalus por primera vez después de haber pasado cinco años viajando a través del desierto del Norte de África como fugitivo, huyendo de los Abásidas que tomaron el poder de los descendientes del Compañero del Profeta Muhammad, Mu’awiyah, a los que generalmente se les conoce como los Umayyads (Omeyas). Es claro que estaba huyendo de gente que se llamaba a sí misma musulmana pero que actuaba como tal, una calificación que podría ser igualmente aplicada a aquellos a quienes los Abásidas habían depuesto.

El Profeta Muhammad, que la bendición y la paz de Allah sean con él, dijo que un musulmán es aquel cuyo hermano está a salvo de su lengua y de su mano. Como hemos visto, el trato que el califa Umayya Sulayman había dado a Musa y a sus hijos, ‘Abdullah y ‘Abd’al-‘Aziz, estaba claramente en desacuerdo con la guía traída por su Profeta. El comportamiento general de Sulayman no podía tolerarse, y luego del único y ejemplar califato de ‘Umar ibn ‘Abd’al-‘Aziz, que Allah esté complacido con él, ninguno del de sus sucesores fue mejor, y era inevitable que surgiera un movimiento para deponer a un califato dinástico que se había vuelto tiránico, por el simple hecho de que los nuevos califas cesaron de ser elegidos de acuerdo con el Corán y la práctica del Profeta Muhammad y los primeros cuatro califas guiados, que la bendición y la paz de Allah sea con él y con ellos.

El Profeta Muhammad, que la bendición y la paz de Allah sean con él, dijo que cualquiera que desease gobernar y que mostrase deseos del poder sobre la gente no estaba capacitado para gobernar. Como se demostró con el ejemplo de los califas rectamente guiados, sólo aquellos que tenían un gran temor de Allah, y que tenían un conocimiento máximo del Din del Islam, y que carecían de cualquier deseo del poder, eran capaces de llevar el verdadero liderazgo. Más aun, ninguno de ellos eligió a sus hijos, y nisiquiera aconsejaron que ellos sean elegidos como sus sucesores. Tan pronto como los musulmanes que vinieron luego de ellos optaron por el gobierno dinástico, era sólo cuestión de tiempo antes de que individuos completamente incapaces de gobernar se volvieran gobernantes, y esto es lo que pasó con los Umayyads.

La situación en Damasco se agudizó aún más por el hecho de que la tribu que trataba de arrebatar el poder a los descendientes de Mu’awiya, eran los descendientes de Al-‘Abbas, y ambos eran partes de una vieja enemistad intertribal. De modo que sus motivaciones estaban lejos de ser puras, lo que queda de manifiesto por el hecho de los Abásidas no sólo intentaron asesinar a los miembros de la familia Umayyad una vez que fueron dueños del califato, sino que luego procedieron a retener el califato al interior de su propia familia, exactamente de la misma manera que los tiranos que acababan de destituir, y en consecuencia con exactamente los mismos resultados a largo plazo.

‘Abdu’r-Rahman fue uno de los pocos miembros de la familia Umayyad que escapó con vida. Cuando el exterminio de sus parientes empezó en serio, se las compuso para ir a Rah, cerca del Éufrates, donde se reunieron con él los demás miembros supervivientes de su familia, incluyendo a sus dos hermanas, su hermano menor y su hijo. Sin embargo, apenas llegado se le hizo saber que sus perseguidores abásidas estaban rodeando la casa donde se escondían. Él y su hermano, que tenía sólo trece años, huyeron corriendo de la casa y se lanzaron al Éufrates. ‘Abdu’r-Rahman llegó al otro lado y presenció la muerte de su hermano que se había vuelto, después de que sus perseguidores le dijeran que no le harían ningún daño, y que fue decapitado allí mismo tan pronto como estuvo al alcance de ellos.

Tras mucho deambular y varias difíciles escapadas -una vez tuvo que esconderse de sus perseguidores debajo del vestido de la esposa de su anfitrión, puesto que éste era el único lugar seguro para ocultarse en la tienda en la que descansaba- ‘Abdu’r-Rahman llegó a la orilla de África frente al Andalus, sin ninguna posibilidad de retorno a su tierra natal. La persecución que le empujó hasta este punto, sin embargo, trajo a los musulmanes del Andalus el líder que necesitaban. Ellos estaban al borde de la guerra civil, y los mejores de entre ellos dieron la bienvenida a ‘Abdu’r-Rahman como su nuevo gobernador. Desembarcó en Andalus en el año 755 y pronto mucha gente se reunió a su alrededor. Puesto que su número era mucho mayor que el de los que se oponían, tuvo pocas dificultades en vencerles a orillas del Guadalquivir el viernes 9 de Dhu’l-Hijjah del año 138 de la Hégira (756 d.J.). Córdoba fue capturada al día siguiente, el día del ‘Id al-Adha, y se decretó una amnistía general para todos los que lo aceptaran como su Emir.

‘Abdu’r-Rahman I demostró pronto ser un gobernador apto. Empezó a unificar todas las distintas tribus y grupos del Andalus. Al principio tuvo no sólo que tratar con rebeliones internas en el mismo Andalus, sino también con los ataques desde fuera organizados por los califas abásidas del Este. Su técnica era muy simple: era veloz en ejecutar a los líderes de aquellos que trataban de destituirle y rápido en perdonar a quienes le aceptaban.

En el año 763 rechazó un ataque por mar en el sur y ejecutó a sus jefes abásidas. En el 777 un enviado del califato Abásida visitó al rey Carlomagno en el sur de Francia. Se pusieron de acuerdo para hacer coincidir una rebelión dentro del Andalus fomentada por abásidas y una invasión del país por el norte por parte de Carlomagno. El doble ataque, sin embargo, no llegó a coordinarse y ‘Abdu’r-Rahman sofocó el levantamiento abásida antes de que Carlomagno pudiese pasar al Andalus. Cuando finalmente llegó Carlomagno al país, en el año 778, se vio obligado a volverse inmediatamente, sufriendo grandes pérdidas en la famosa emboscada de Roncesvalles.

Dos años más tarde hubo otro intento de imponer la supremacía abásida en el norte del Andalus, pero su líder también fue vencido y ejecutado. Después de esto, lo que hasta entonces había sido la causa principal de disputas y divisiones en Andalus fue ciertamente suprimida. Más aun, Carlomagno llegó a un acuerdo con ‘Abdu’r-Rahman de no invadir Andalus y hasta llegó a ofrecerle su hija por esposa, oferta que ‘Abdu’r-Rahman rechazó cortésmente.

Los otros litigios entre tribus y las diferentes nacionalidades y grupos étnicos del Andalus eran mucho menos graves que los existentes entre Umayyads y Abásidas y entre musulmanes y cristianos y pronto se resolvieron. Por el tratamiento directo y seguro de levantamientos y disputas, ‘Abdu’r-Rahman se granjeó el respeto y la admiración de la gente de Andalus, que ya no estaban interesados en seguir buscando otros líderes; tan convincente fue el ejemplo que dio. Se estableció la paz y el equilibrio. Como indica Pascual de Gayangos, aun los bereberes, nómades, empezaron a asentarse:

“Por largo tiempo con anterioridad a la conquista de España, los bereberes continuaron llevando una vida nómade, llevando sus tiendas de un extremo a otro de la península, y llevando a sus mujeres e hijos consigo aun si estaban involucrados en expediciones militares. Ibnu’l-Abbar (Lib. Nac. Madrid, fo. 127) dice que ‘Abdu’r-Rahman I de Córdoba fue el primero que conquistó sus hábitos ambulatorios, haciéndoles construir pueblos y ciudades, y sujetándolos a una vida más sedentaria”. (18)

Además de ser conocido como ‘El Halcón de los Quraysh’, ‘Abdur’r-Rahman I también fue denominado ‘el Halcón de Andalus’ y durante su gobierno, que duró desde el año 756 hasta el 788, los musulmanes de Andalus, viejos y de reciente conversión, se establecieron y se unificaron en la adoración de su Creador.

El Islam no se enraizó en Andalus por imposición, sino porque proporcionaba una manera de vida alternativa claramente superior y más sana a una gente que, hasta la llegada de los musulmanes, había estado atrapada en un sistema social corrompido y decadente. Por otra parte, aun cuando había conflictos acerca del liderazgo, la inmensa mayoría de la población continuaba su vida cotidiana en la práctica del Islam, sin conmoverse ni sentirse afectados por los complots y las intrigas, que normalmente solían tener su origen sólo en un grupo de personas sedientas de poder.

El hecho de que la historia oficial preste, por lo general, poca atención a la gente que vive de manera sencilla, pacífica y sin complicaciones, no quiere decir que ellos no existan. Ni tampoco significa que sean menos importantes que la gente a la que se presta toda la atención en las historias oficiales.

Sin embargo, no es sorprendente que la mayoría de las historias oficiales, cuyo interés se centra en la presentación de hechos dramáticos con una tendencia particular dependiendo de quién sea la historia, tenga poco que decir acerca de la primera comunidad de musulmanes en Andalus. No hay nada externamente dramático, por ejemplo, en una persona que hace la oración cinco veces al día, o que ayune una vez al año, y ciertamente cualquier historiador incrédulo haría mejor en no escribir acerca de tales cosas, no teniendo la experiencia directa y por tanto el conocimiento de las mismas, como no sea que las ridiculice.

Es por esta razón que muchos de los historiadores orientalistas han producido esa sofocante y limitada visión de la ‘historia islámica’. Al tratar de confinar dentro de su limitada visión de la existencia y explicar una revelación profética que sobrepasa largamente cualquier concepción que ellos pudieran tener de la misma, nunca ha habido manera de que les fuera posible entender y registrar la historia de los musulmanes, ya sea en Andalus o en cualquier otro lugar, toda vez que lo más que han podido hacer en su interpretación de los hechos es registrar sus propias reflexiones y concepciones que han proyectado ‘subjetivamente’ en el espejo del mundo alrededor de ellos en primer lugar, y que han querido luego describir ‘objetivamente’.

Es en este contexto que las siguientes palabras de Américo Castro, que fue frecuentemente difamado en el bosquecillo de las academias simplemente porque se atrevió a cuestionar la ‘historia oficial’, cobran importancia:

“Sea lo que sea lo que el futuro pueda deparar, el pasado no puede ser objeto de manipulación alguna, como han hecho los historiadores hasta ahora al excluir a los musulmanes y a los judíos de la historia española y forzar arbitrariamente sobre los mismos una ‘edad media occidental’. Comprendo el serio problema que enfrentan los hispanistas extranjeros que tratan de escribir o enseñar una auténtica historia de los españoles, pues están obligados a moverse entre aquellos que enseñan formas de civilización occidental (anglosajones, franceses, alemanes). Esta dificultad se complica más aún por la propia resistencia de los españoles a aceptar el hecho de que su verdadera historia es inconcebible sin los musulmanes o los judíos ... ”(19).

Los primeros musulmanes de Andalus vivían una vida simple y sencilla de laboriosidad y adoración, que estaba inspirada en el ejemplo de la primera comunidad que se formó en torno al Profeta Muhammad en Madina-al-Munawara, ‘la Ciudad Iluminada’, que las bendición y la paz de Allah sea sobre él y su familia y compañeros y todos los que le siguen a él y a ellos.

Los primeros musulmanes de Andalus afirmaban que no había otro dios excepto Allah y que Muhammad era el Mensajero de Allah. Cinco veces cada día, al amanecer, al mediodía, a media tarde, a la puesta del sol y después de oscurecer, hacían la oración que su Profeta había enseñado a los primeros musulmanes. Durante un mes cada año hacían el ayuno de Ramadán. Pagaban el zakat, que es un impuesto equivalente a un cuarentavo del superávit en sus ahorros y bienes, recolectado en un fondo común una vez al año y redistribuido inmediatamente entre aquellos de la comunidad que lo necesitaban. Finalmente, los que podían, realizaban el Hajj, la peregrinación a la Casa de Allah en Makka.

En su vida cotidiana y sus transacciones se guiaban por el Qur’an y la Sunna, el modelo de comportamiento que su Profeta y la primera comunidad de musulmanes había practicado. Desde fechas muy tempranas, los musulmanes de Andalus se sirvieron del Muwatta’ del Imam Malik, que Allah esté complacido con él, como un compendio digno de confianza, no sólo del comportamiento de su Profeta, sino también de la primera comunidad que se formó en torno a él en Madina al-Munawarra.

Se narra que uno de los hombres que viajaron desde Andalus a Madina al-Munawarra a fin de aprender del Imam Malik y memorizar el Muwatta’ fue Yahya ibn Yahya Al-Laythi:

“Dicen que un día, mientras estaba atendiendo a las clases junto con los otros estudiantes, ocurrió que pasó un elefante frente a la puerta de la casa en donde estaban, y alguien gritó: ‘¡Aquí hay un elefante!’. Entonces todos los presentes salieron precipitadamente a verlo, menos Yahya, que se quedó en su sitio.

Cuando Malik vio esto le dijo: ‘¿Por qué no vas afuera como el resto? Seguramente no hay elefantes en tu país’.

‘No vine desde Andalus al Este’, respondió Yahya, ‘para mirar elefantes; vine a verlo, pues no hay nadie como usted en mi país natal, y vine a beneficiarme de su enseñanza y su experiencia’.

Malik quedó muy impresionado por la respuesta, y se dice que exclamó: ‘¡Este hombre es el sabio de Andalus!’”. (20)

Esta anécdota ilustra la manera en que la sabiduría de los musulmanes ha sido siempre transmitida, de persona a persona, cara a cara, por transmisión directa. La fuente más importante del conocimiento del Din del Islam y de Allah y de Su Mensajero, que la bendición y la paz de Allah sean con él, no se encontraba en los libros –aun cuando son necesarios-, sino en la gente a la que se le ha transmitido este conocimiento, de persona a persona, en una línea de transmisión ininterrumpida, que llega directamente hasta el que lo trajo y lo enseñó, el Profeta Muhammad, que la bendición y la paz de Allah sean con él.

Hay que recordar que los compañeros del Profeta Muhammad, que Allah esté complacido con todos ellos, obtenían su conocimiento por medio de sentarse con él y vivir con él y no de estar todo el día ‘estudiando’ en librerías. Aquellos que vinieron luego, los Seguidores, y los Seguidores de los Seguidores, y así, adquirieron este conocimiento exactamente de la misma manera. Así fue como Yahya Al-Laythi recibió este conocimiento y así fue como él, entre otros, lo transmitieron a su regreso a Andalus.

Ésta es la verdadera razón por la que no hay ninguna verdadera crónica de los musulmanes por los musulmanes por escrito. El conocimiento de los musulmanes empieza donde las palabras terminan. Los únicos testimonios verdaderos que los musulmanes tienen son seres humanos que abrazan el Din del Islam. Así, ellos mueren pero el conocimiento que poseen es transmitido, de los vivos a los vivos, antes de que sean enterrados.

Abu Yazid Al-Bistami le dijo una vez a un hombre que apoyaba su conocimiento en los libros: ‘Tú has sacado tu conocimiento de algo muerto, pero ¡nosotros tomamos nuestro conocimiento del Viviente, Quien nunca muere’

Esta es la razón de que no haya ningún registro completo de cómo vivía la primera comunidad de musulmanes en Andalus, porque la vida que tenían no puede encerrase en palabras ni ser impresa en blanco y negro, aun usando la tecnología más avanzada. Aunque las siguientes palabras de Américo Castro suenen verdaderas, ni siquiera las mismas expresan a cabalidad lo que en definitiva no puede ser más que indicado, pero nunca explícitamente expresado:

“En definitiva, percibir y asir el dramático sentido de la historia es tan necesario y por lo menos tan importante como el estudio de los gráficos de ascensos y descensos en la economía o la propiedad pública y privada”. (21)

Sin importar cuán dramática haya sido la historia del Islam en Andalus, y ciertamente los vislumbres que podemos apreciar de cómo debe haber sido indican que ciertamente lo fue, es claro que los primeros musulmanes en Andalus vivieron en este mundo y se prepararon para el siguiente, con toda la riqueza y simplicidad que sólo aquellos que realmente abrazan el Din del Islam, y no los que sólo leen o hablan de ellos, pueden degustar.

El primer líder que unificó las numerosas comunidades de musulmanes que surgieron en Andalus, ‘Abdu’r-Rahman I, el Halcón de Andalus, era, según Ibn Hayyan, de corazón noble y siempre dispuesto a la misericordia:

“Elocuente en su palabra, estaba dotado de una rápida percepción; era muy lento en sus determinaciones, pero constante y perseverante en llevarlas a cabo; estaba exento de cualquier debilidad; veloz en sus movimientos, era activo y resuelto. Nunca se tendía un rato a reposar ni se abandonaba a la indolencia. No confiaba los asuntos del gobierno a nadie, sino que los administraba él mismo y, no obstante, nunca dejaba de consultar, en los difíciles casos que ocurrían, a gente de sabiduría y experiencia. Era un guerrero bravo e intrépido, siempre el primero en el campo de batalla; era terrible en su cólera y no podía soportar oposición a su voluntad. Sabía hablar con mucha fluidez y elegancia; era igualmente un buen poeta y compuso versos improvisados. Era en suma, un generoso y magnífico príncipe. Siempre vestía de blanco y llevaba un turbante del mismo color, que prefería a cualquier otro; su semblante inspiraba respeto a quien se le aproximaba, fueran amigos o enemigos. Solía asistir a los funerales y recitar las oraciones por los muertos; a menudo oraba con la gente cuando iba a la mezquita los viernes y otras festividades; en tales ocasiones tenía la costumbre de subir al mimbar y dirigirse a sus súbditos desde éste. Visitaba a los enfermos y se mezclaba con la gente, participando en sus júbilos y diversiones”. (22)

‘Abdu’r-Rahman I hizo de Córdoba su capital y a lo largo de su reinado la embelleció con obras que supervisaba personalmente. Uno de sus primeros actos fue surtir a Córdoba de agua corriente por medio de un acueducto que venía desde las montañas vecinas. Plantó un jardín bellísimo, al que dio el nombre de Mun’yat Ar-rissafah, en recuerdo de una espléndida villa cerca de Damasco, que su abuelo Hisham había construido y donde él había pasado los primeros cinco años de su vida. Siendo amante apasionado de las flores, encargó a un inteligente botánico que trajese de los países de oriente cuantos frutos y plantas pudieran aclimatarse en Andalus; y de esta suerte introdujo el melocotón y el granado, llamado safari. Ibnn Hayyan ha preservado para nosotros cuatro versos que se dice que ‘Abdu’r-Rahman I improvisó al ver una palmera solitaria que crecía en medio de su jardín:

En medio del Rissafah crece una palmera

nacida en el Oeste, lejos del país de las palmeras.

Una vez le dije: "Tú eres como yo,

pues te pareces a mí en el caminar y el peregrinar,

y en la larga separación de familiares y amigos.

También tú creciste en suelo extranjero,

y como yo, estás muy lejos de tu país de origen.

¡Que las fecundantes nubes de la mañana te rieguen

en tu exilio!. ¡Que las benéficas lluvias que el pobre

implora, nunca te abandonen!. (23)

Además de estos trabajos públicos y del tiempo empleado en gobernar a su pueblo, ‘Abdu’r-Rahman I empezó también la construcción de la gran mezquita de Córdoba, en el año 786. Fue construida en el lugar de la antigua catedral de Córdoba, que la había comprado a los cristianos por la suma de 100 000 dinares de oro el año anterior a que el trabajo empezara. La mezquita, que fue completada durante el gobierno de su hijo y sucesor, Hisham I, fue ampliada y embellecida por sus sucesores y aún se puede visitar hoy en día. Su descripción es innecesaria puesto que una visita nos dirá más que un millón de palabras.

‘Abdu’r-Rahman I también fue el responsable de la construcción de una gran muralla alrededor de Córdoba. Fomentó la construcción de mezquitas, baños, puentes y castillos en todas las provincias de sus dominios.

Inspirados por el entusiasmo y el deleite por la vida de ‘Abdu’r-Rahman, los primeros musulmanes de Andalus convirtieron el país en un vergel. Importaron plantas y frutas de otras tierras e introdujeron nuevos métodos de agricultura. El prodigioso sistema de riego con el que convirtieron a Valencia en el ‘jardín de Europa’ aún existe y la elaborada y equitativa distribución del agua la admiran los ‘expertos’ de hoy. Los musulmanes introdujeron el cultivo de la caña de azúcar, el algodón y el arroz, así como de frutos tales como el melocotón, la naranja, la granada y la palmera. Ni un trozo de tierra se dejó sin cultivar y Andalus se llenó de crecimiento y progreso.

Construyeron mezquitas y baños en todas partes, hasta en los pueblos más pequeños. Cuando se establecían en una región, enseñaban y practicaban oficios y comercios. Las materias primas, que existían en abundancia ya fuesen del reino mineral, vegetal o animal, se transformaban en mercancías y artículos de primera necesidad. Todos trabajaban en algo. Cada miembro de la familia contribuía con su parte del trabajo para el bien común. Eran insuperables en los negocios que exigían habilidad. Iniciaron el cultivo de la seda en Andalus y fue a través de ellos el arte de la fabricación del papel y el vidrio pasó con el tiempo a Europa.

Las cerámicas de Málaga, los tejidos de Murcia, las sedas de Almería y Granada, los trabajos en piel de Córdoba, las armas de Toledo, eran de renombre en todas partes. Proporcionaban el material para un comercio exterior provechoso que se estimulaba gracias a la reputación universal de honestidad y sinceridad que tenían sus comerciantes. La estricta fidelidad a sus compromisos se hizo proverbial. Eran moderados en su conducta y en satisfacer sus apetitos. No había mendigos entre ellos porque cuidaban afectuosamente a sus huérfanos y pobres. Resolvían todas sus querellas entre ellos de acuerdo con el Qur’an y la Sunna de su Profeta, que la bendición y la paz de Allah sean con él.

A medida que Andalus adquirió renombre por su prosperidad, gente de todo el mundo se congregaban para vivir allí y su reciente capital, Córdoba, se volvió un centro de aprendizaje y conocimiento. A todos los niños se les enseñaba a leer, escribir y la aritmética en las mezquitas, así como un conocimiento básico del Qur’an y del Hadith y por supuesto árabe. Desde esta base amplia, cualquiera que deseaba proseguir más allá con sus estudios podía arreglar que le enseñara cualquiera de los versados profesores de Andalus.

Basados en el conocimiento del Qur’an y el estilo de vida de su Profeta, que la bendición y la paz de Allah sean con él, los musulmanes de Andalus exploraron y se beneficiaron de cada ciencia respecto al mundo de lo visto y al No-Visto, y por supuesto del más alto conocimiento de todos, ma’rifa, gnosis de Allah. Lo que penetraba todo su actividad en los primeros días del Islam en Andalus era la adoración de Allah y el conocimiento de lo que viene luego de la muerte. Los primeros musulmanes de Andalus sabían cuán corta es la vida y la vivían a plenitud. Sabían que estaban en un viaje, que continuaría luego de la muerte en el otro mundo, y que los llevaría o al Jardín o al Fuego, y vivían sus vidas y se preparaban para sus muertes en concordancia con ello.

Era sólo por seguir el Qur’an y la Sunnah en casa aspecto de sus vidas, ya sea en la forma en que adoraban a su Creador, o buscaban el conocimiento, o cómo se comportaban con sus familias y amigos, o conducían sus transacciones en el lugar del mercado, o luchaban en el campo de batalla, que los primeros musulmanes en Andalus fueron capaces de sostener ese refinado y gratificante modo de vida.

Tan pronto como los musulmanes que les siguieron empezaron a dirigirse más a este mundo y a olvidarse del siguiente, y a separarse de la guía que su Profeta les había, que la bendición y la paz de Allah sean con él, el complejo organismo social del cual todos eran parte inevitablemente sufrió, y habiendo sido erigido sobre el camino medio –que es Islam- se condenó a seguir otro camino y a colapsar.

Debe hacerse hincapié en que Islam no es ‘arte’ ni es ‘cultura’. Islam es un modo de vida que abre el corazón al significado de la existencia. Así, cualquier incremento en el esplendor externo usualmente es un signo de disminución de la iluminación interna, y la aparición de librerías y conocimiento-de-libros, alguna vez descritos como ‘trocitos de información pre-digeridos’, usualmente es in signo de la desaparición de las personas que tienen conocimiento real de Allah, una sabiduría que sólo puede encontrarse en corazones vivos, no en libros.

En todo aquello que a la historia musulmana corresponda, las grandes obras de arte y las construcciones maravillosas, que son usualmente glorificadas por los historiadores oficiales como los signos de una cultura avanzada y una sociedad civilizada, de hecho son signos de la caída desde un punto elevado, en el que hubo alguna vez una comunidad de musulmanes que, externamente no hayan sido espectaculares en términos de logros materiales, tençian gran conocimiento interno de Allah y del significado de la existencia.

Y el más claro ejemplo de este fenómeno es el del Profeta Muhammad mismo, que la bendición y la paz de Allah sean con él, quien era pobre e iletrado, y quien murió sin dejar colocado un ladrillo encima de otro y cuyo título, ‘el mejor de la Creación’ no es una alabanza exagerada sino una una precisa descripción, pues nadie en la historia de la humanidad ha sido ni será tan sabio y civilizado como Muhammad, y como el mismo Qur’an señala, la comunidad que se agrupó a su alrededor en Madina al-Munawarra fue la mejor comunidad que nunca haya habido ni habrá, que Allah esté complacido con todos y cada uno de ellos:

El Misericordioso nunca ha creado a otro como Muhammad,

Y según lo que sé Él nunca creará a alguien como él:

Él es como el son y el medio día,

Y la luna y el punto medio de mes;

Es la esmeralda entre las joyas,

Su estación es una que nunca ha sido otorgada a otros mensajeros;

Su rango es uno que nunca ha sido dado a otros hombres. (24)

Es solamente en comparación con este líder y esta comunidad, que Allah le bendiga y a sus seguidores que nunca acabe y nunca se agote, que cualquier otro líder, o comunidad, o sociedad, pueden ser sopesados y valorados de la forma más conveniente.

La palabra árabe ‘Andalus’ tiene varios significados. Entre ellos está, primero, ‘algo que se había escondido u ocultado’, y en segundo lugar ‘algo que se resbaló por causa de su suavidad’. Estos dos significados indican el aspecto dual de la historia de los musulmanes en Andalus: algunos de ellos poseían un conocimiento de Allah que otros no sabían, y algunos poseían un tesoro brillante que se les resbaló de entre los dedos.

‘Abdu’r-Rahman I, el Halcón de Andalus, gobernó por 33 años y 4 meses. Nunca perdió una batalla. La siguiente descripción de él se ha tomado de Al-Maqqari:

“Ibn Zaydun dice que ‘Abdur’r-Rahman tenía el cutis claro y el cabello rojizo, tenía pómulos prominentes y un lunar en su cara. Era alto y de cuerpo esbelto, llevaba el cabello dividido en dos rizos, sólo podía ver con un ojo, y se le había arrebatado el sentido del humor. Dejó veinte hijos, once de ellos hombres y los siguientes, mujeres”. (25)